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viernes, 19 de agosto de 2016















 
Aquí estoy de nuevo para compartir cómo acompañar a mi hija de 14 años con presencia, me conecta con mi Susie de 14. 
Resultado de imagen de madre e hija  paseando


Hoy me he despertado con mucha alegría ya que ayer mi hija me dijo que quería empezar a ir a pasear pronto por la mañana hasta la playa y a ver si quería ir con ella. 
A las nueve me he levantado y he ido a despertarla y ella con mucha pereza que no, que no le apetecía. Pues nada yo en lo mío del ideal de pasear con ella, compartir, insisto, insisto, hasta que se levanta y ella ya está enfadada. Yo hago como que no lo veo, no lo nombro, y seguimos, salimos y nos dirigimos hacia la playa. 
Ella me dice que no quiere hacer un viaje que haremos la semana que viene a Toledo, que quiere estar con sus amigas, que estando allí no va a hacer por disfrutar, que ....
Yo en silencio, respiro, ...y al de unos minutos le digo que la comprendo, que quiera estar con las amigas, que van a ser sólo 5 días, que pensamos que vamos a estar muy a gusto, ella negativa, que no, que no. Ya se le sube el tono que no quiere y que no va a cambiar de idea. 
Entonces yo me conecto directamente con mi niña-joven y le digo que ya no tengo ganas de paseo, que cuando ella quiera damos la vuelta....Y ella al de nada me dice que damos la vuelta, y yo le digo que prefiero no volver con ella. Ella me dice que mejor juntas, y yo le digo que no. 
Cada una por su lado hemos vuelto, por el camino sola he intentado reconectarme, dejarme sentir, y me salía llanto, que me he aguantado por estar en la calle sola. Sentía dolor por estar conectada y presente en estos momentos que June no me necesita para pasear, para estar por la calle. Sentía dolor porque yo quiero compartir como ella hace unos años conmigo todo el rato, y ella no. La falta de sincronización. Lo que me cuesta aceptar un NO aunque sea de mi hija y me lo diga de corazón. 
He llegado a casa, y no podía hablar, me he comido unos paragüayos y me he ido a la sala a acariciar al perro que estaba tumbado al sol. Mi hija se me ha acercado comiendo una banana, y me ha preguntado dónde había estado, por dónde había vuelto a casa. Que sentía haberme gritado. Yo entonces he dejado salir mi llanto, que era gemido, mi hija me ha abrazado, y me ha preguntado por qué lloraba, y le he dicho que era porque me gustaría haber estado como estoy ahora de presente cuando era ella más joven ,y que me cuesta su aceptar sus NOes. Que es normal que ella no necesite estar conmigo, y que obligarle a dar el paseo no ha sido buena idea, que no la he respetado. Que necesito tiempo para sentir que ella no quiera estar conmigo todo el rato ni esté por mí todo el rato.
Esto es difícil amigas, pero la recompensa es tan grande!! Grande ver que mi hija con 14 mantiene la calma, me acompaña desde el respeto, me escucha, y me dice lo que siente, es decir tenemos intimidad emocionalllll, sólo por esto merece la pena!!
Como decía ayer una amiga de La Tribu, Luisa,  hay días que te levantas con muchas ganas pero la cosa sale chueca. 
Pero como dijeron Magali e Yvonne no existen malos días enteros, sólo malos momentos durante el día. Y que además son puro aprendizaje, gracias mujeres por escuchar y estar.

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